lunes, febrero 1

Conversaciones en la embajada (XLVI): De cuando mi señora hizo de María Antonieta

Y vino a acontecer, hace algún tiempo, ni demasiado lejano, ni necesariamente reciente, que mi señora y servidor acudimos a la Misa tridentina que oficia los domingos el padre Raul Olazabal. 

El punto humorístico del día vino, desde luego, por parte del pater D. Raúl. Estaba el buen cura charlando con un grupo de feligreses a la salida de la iglesia, cuando nos acercamos a saludarle.

En seguida se volvió hacia mi mujer y mientras le tendía la mano con un punto de ceremonia le espetó:
- ¡Señora embajadora, que alegría verla otra vez por aquí!.
La señora "embajadora" perfectamente encantada con el saludo y dándose cuenta inmediata de lo divertido de la situación puso su mejor y más natural pose de María Antonieta cuando recibía al Cardenal Primado de Francia y devolvió el saludo al amable sacerdote:
- Querido padre Raul,,......¡es siempre un placer volver a encontrarse con usted!.
Yo, claro, no me enteré de lo que estaba pasando hasta que, ya en camino, mi mujer me hizo notar las caras de ávida curiosidad del personal circundante. Nos reímos mucho, que duda cabe. 


Y a causa de esto Pacopepe ha escrito una entrada haciéndose eco de la noticia y agradeciendo al P. Raul sus esfuerzos y desvelos. Conviene leerla porque da cuenta de cosas que han de saberse y además es corta, pero de ella extraigo estas palabras referidas al sr. cura :
"...nada le amilanó, jamás perdió su contagiosa jovialidad..."
Así es precisamente: su contagiosa jovialidad.

Que el Señor se la guarde muchos años. Felicidades al P. Raul y sus compañeros del Instituto, y gracias por su labor y dedicación, desde el fondo del corazón.  

2 comentarios:

Juan G. C. dijo...

Estimado Sr. Embajador:

Perdone mi ignorancia, pero, ¿por qué su señora hizo de María Antonieta al responder así al padre Raúl Olazabal?

Reciba un cordial saludo:
Juan G. C.

Embajador en el Infierno dijo...

Juan G.C. Perdoneme usted que no le de detalles. Se supone que era un chiste, si el chiste no se capta por incapacidad del que lo cuenta (yo) no se debe explicar.