domingo, octubre 27

La palmadita derechoide (II)

Recupero una entrada que escribí hace más de 5 años, donde decía a cuento de la salida de María San Gil del PP:

Lo que más sorprende del portazo propinado por María San Gil es, precisamente, que lo haya propinado.

Y la consecuencia para el entorno malminorista es terrible: Si una persona del indudable prestigio de San Gil se ve impotente para defender una serie de cuestiones, para ella innegociables, desde dentro del partido, ¿que pretendéis vosotros ilusos?.

Incidentalmente, uno compara el caso de Gregorio Ordoñez (q.e.p.d.) y el de María San Gil, y empieza a entender en toda su extensión la famosa frase de Jose Antonio Primo de Rivera:

"Prefiero la bala marxista a la palmadita derechoide, pues es cien veces mejor morir de bala que morir de náuseas"
.
A Ordoñez le mató la bala marxista y siempre será un héroe.

María San Gil está muriendo de náuseas, será enterrada en el más absoluto olvido y soledad.

Los dos fueron valientes.

Estos días, más que nunca, se entienden en toda su clarividencia aquellas palabras.

Como se entienden la salida del PP de José Antonio Ortega Lara y María San Gil, por ejemplo.

Lo que me cuesta cada vez más entender es que todavía haya españoles de bien, que lo son, que sigan votando PP, PSOE o cualquiera de sus satélites. Porque seguirán votándoles. Y morirán de náuseas.

Para enmarcar (XX): Otoño






Esta descripción del otoño, climático, existencial, político y cultural, que hace Kiko Méndez-Monasterio es poderosa y brillante.

Luego llega Carlos Esteban y se marca su particular "Miseria de la filosofia" contra la "Filosofia de la miseria" mendez-monasteriana, todo en versión reaccionaria.

En fin, que me han suministrado un buen fin de semana.

Esta sección del blog recoge aquellos artículos o entradas publicados en otros blogs que hacen una contribución decisiva a mi manera de ver las cosas por su elocuencia, claridad y propuesta de nuevas perspectivas. Por esas razones es muy posible que resulten atemporales o que por lo menos sean un sólido testigo para el futuro.
Otros artículos que se han publicado en esta sección se pueden ver pinchando aquí.

domingo, octubre 20

Escaleras que odian la fe y una excomunión silenciosa

Si un extraterrestre bajara a la Tierra y sin saber nada de historia de España hubiera asistido a la preparación de los recientes actos de beatificación de 522 mártires asesinados en la persecución religiosa que tuvo lugar en nuestra Patria entre 1931 y 1939, bien podría haber concluido, a tenor de la gestión que ha hecho la Conferencia Episcopal del asunto, que en estepaís las escaleras son anticlericales.

Porque lógicamente debió ser una caída por las escaleras, o evento doméstico similar, lo que se llevó a estos mártires  por delante. Y habiendo habido tantas caidas por las escaleras, en tan breve espacio de tiempo, y siendo los sujetos pacientes mayormente clérigos y monjas de la Iglesia Católica, unicamente cabe concluir que las escaleras en España no solo tienen vida propia, sino que además odian la fe católica.

Yo por eso vivo en un bajo con ascensor, no vaya a ser que......

No me extrañaría que a algún clérigo burócrata se le hubiera ocurrido el genial y socorrido eufemismo de la "indigestión de plomo" como causa del fallecimiento. Temerosos de que la asociación estatal de fabricantes de plomo protestara por la inquina que hacia el progreso científico (I+D) tiene la Iglesia Católica, rápidamente desecharon la idea. 

Ahí estuvieron poco finos. Porque claro, no se dieron cuenta que después de que a las brillantes mentes del Comité Olímpico Español se les ocurriera proponer la localidad madrileña de Paracuellos del Jarama como sede para la modalidad de tiro, todo está permitido.

Como con una infamia no era suficiente, los de la Conferencia Episcopal probaron a estirar la cuerda un poco más. De modo que se prohibió la exhibición de banderas y pancartas. Pero, ¡ojo! no todas las banderas estaban prohibidas: la Union Jack, como se ve en la foto, tiene derecho permanente de pernada.

Solamente a un facha recalcitrante (y probablemente filolefebvrista) se le puede ocurrir que no sea la cosa más natural del mundo prohibir la exhibición de banderas españolas en un acto de beatificación de mártires españoles, mientras se permite que el personal porte banderas extranjeras. Debe ser cosa de entender sanamente la catolicidad de la Iglesia, o algo así.

No entraré en más detalles, Javier Garisoaín, Secretario General de la Comunión Tradicionalista, estuvo ese fin de semana en Barcelona y en Tarragona, y en su blog hace una ponderada crónica de los actos que tuvieron lugar ese par de días. Recomiendo leerla hasta el final.

Ya ha pasado todo, están los mártires beatificados lo cual es como para darse con un canto en los dientes, habida cuenta del tiempo y esfuerzo que ha costado. Eso es lo importante.

Verdaderamente sentí mucho no haber ido. Estuve hace unos años en Roma para ocasión similar y resultó ser una extraordinaria peregrinación. Pero también sufrí y mucho, en y con los actos de no-consagración de España al Sagrado Corazón. Aquello supuso un duro despertar para encarar amargas realidades.

Y la amarga realidad es, según mi entender, que algunos católicos somos objeto de una excomunión silenciosa. Me viene a la cabeza esa maravillosa película que es "The lost prince". Trata sobre la vida del príncipe inglés Juan, al cual sus padres, los reyes de Inglaterra, tenían recluido en el campo, lejos de todo contacto social, por causa de su epilepsia y su discapacidad psíquica.

En fin, bien parece que somos como el hijo tonto que los padres esconden para que no de la nota en las reuniones sociales.

El tristemente célebre obispo Setién de San Sebastián ya dijo en alguna ocasión que un padre no quería a todos sus hijos por igual. Con lo que parece que estableció una costumbre a seguir por otros obispos españoles que no hablan con su claridad pero actúan con su misma contundencia.

No es poco consuelo pensar lo tremendo que tuvo que ser para los católicos guipuzcoanos y vizcaínos el ninguneo de sus obispos durante los "años del plomo" y después. A su lado lo de ahora es el chocolate del loro. También ayuda algún gesto valiente de otros obispos, por ejemplo cuando Monseñor Reig fue a Paracuellos.

Y al final, que nos maltraten ahora de esta manera no tiene la mayor importancia. Se ofrece y punto.

Pero acudir a un lugar donde se hace menosprecio consciente de nuestra Patria mientras se da lugar de privilegio a abortistas como Gallardón o sembradores de odio como Mas , pues me parece que no.

Yo ya lo hice una vez y será la última.

jueves, octubre 10

Tres cuadros para perder un avión

La última vez que estuve en Nueva York por cuestiones laborales acabé pronto mis quehaceres y quedó tiempo más que suficiente para hacer alguna cosa. 

En esta ocasión la Sra. Embajadora y sus criaturas me habían liberado explícitamente de hacer compras, de manera que pude dedicar la tarde a algún provechoso fin. Me fui al Museo Metropolitano.

Tres cosas se deben decir del Metropolitano: una, que está fabulosa y espectacularmente bien montado; dos, que, con todo, resulta frio y artificioso, sobre todo esas extraordinarias reconstrucciones de estancias de diferentes épocas que se encuentran tan fuera de lugar (real y metaforicamente); y tres, que no tiene casi arte español (ellos se lo pierden y desde luego está mucho mejor en España).

Dicho lo cual, lo pasé como un enano. Tan bien lo pasé que a punto estuve de perder el avión de vuelta a casa. Y ello debido sobre todo a tres cuadros que traigo a la bitácora. Me gustaría tener el conocimiento y oficio de D. Terzio , para poder describirlos adecuadamente. Como no puedo, simplemente los pongo debajo (animo al personal que pinche en las imágenes para verlas en grande) y hago una breve presentación. A lo mejor D. Terzio se anima y me deja un poco de su sabiduría artística en los comentarios.

A Santa Juana de Arco se le aparecían el Arcángel San Miguel (en el cuadro), Santa Catalina y Santa Margarita, que bien pueden ser las dos figuras femeninas que acompañan al Arcángel. Pasé cosa de 20 minutos completamente alelado con los colores, la peculiar composición y la expresión de mi santa favorita en su arrebato místico.  Apréciense el árbol que hay detrás de la figura principal y sus hojas.


Lo que me fascina de Ingres es la capacidad que tiene de dar movimiento a esos rostros de porcelana. Un movimiento tan sútil y tan etéreo que parece estar y no estar a la vez. Este cuadro es "La Virgen adorando la Sagrada Forma" y el estilo era muy del gusto de mi añorada abuela.




No había oído hablar de Ernest Meissonier hasta que vi este cuadro que representa la victoria de Napoleón en Friedland. Lo que más me gustó son las expresiones de los rostros que tienen los húsares de la izquierda del cuadro. Pero, vamos, todo él es grandioso.



Pues eso.

De propina dejo una escultura de San Tarsicio, moribundo, protegiendo la Sagrada Forma. No tiene nada que ver la foto con la escultura que lo deja a uno anonadado. Conviene conocer la historia de su martirio.


lunes, octubre 7

Lecciones de los católicos de Oriente

Andaba mi padre no hace mucho por el Golfo Pérsico y nos escribió:

" Antes de ayer asistí a una misa en Tamil por la hora. Antes hubo adoración al Santísimo y resulta que el sacerdote salió perfectamente revestido y descalzo y así ofició y dio la bendición.

Supuse que era por respeto al Santísimo Sacramento y efectivamente me dijeron después que en una capillita donde está permanentemente Expuesto todo el mundo debe entrar descalzo.
Me acordé de la frase del Señor a Moisés cuando estaba delante de la zarza ardiendo: descálzate porque pisas tierra sagrada".

miércoles, octubre 2

Rinocerontes en la plaza de San Pedro

Según reza el viejo adagio la mejor manera de esconder un elefante en Wall Street es llenando Wall Street de elefantes. 

Me pregunto si el Papa está intentando esconder algún rinoceronte en la plaza de San Pedro llenando la plaza de San Pedro de rinocerontes. 

Lo digo porque observo que habla mucho y hace poco. No se si eso de hablar mucho es simplemente su carácter argentino (no se enfaden mis amigos argentinos y aclárenme si esto es un injusto estereotipo o si hay algo de cierto en ello), o es que tanta verborrea tiene por objeto mantener al personal distraído. Porque desde luego el personal anda agitadísimo con todo lo que dice el Papa.

La blogosfera católica se divide entre los que ven venir la gran revolución (y de estos a su vez hay dos tipos: los que la quieren y los que no la quieren) y los que tratan de convencernos que todo esto es "business as usual". Ninguna de las dos posiciones comparto, pero me parecen particularmente curiosos los que necesitan ríos de tinta para convencernos del "business as usual".

En fin, sigo pensando que aquí hay más cera de la que arde, y que nos esperan enormes sorpresas aunque no se de que tipo. Hasta me he llegado a plantear si todo esto no será una versión actualizada de la campana de Huesca

En cualquier caso, encuentro en el blog de Ches (en inglés, lo siento) un derroche de sensatez. Dice las cosas tal cual yo las siento, y las dice mejor de lo que yo jamás pudiera decirlas. Este Ches es un católico inglés que en su día estuvo metido hasta el colodrillo en la Fraternidad Sacerdotal de San Pio X hasta que decidió abandonarla. El relato de su abandono es de las narraciones más fascinantes que conozco, por eso la habré leído una docena de veces.

Terminemos con una nota esperanzadora. Estás palabras del Santo Padre me han animado mucho:

“Veo la santidad –prosigue el Papa– en el pueblo de Dios paciente: una mujer que cría a sus hijos, un hombre que trabaja para llevar a casa el pan, los enfermos, los sacerdotes ancianos tantas veces heridos pero siempre con su sonrisa porque han servido al Señor, las religiosas que tanto trabajan y que viven una santidad escondida. Esta es, para mí, la santidad común. Yo asocio frecuentemente la santidad a la paciencia: no solo la paciencia como hypomoné, hacerse cargo de los sucesos y las circunstancias de la vida, sino también como constancia para seguir hacia delante día a día. Esta es la santidad de la Iglesia militante de la que habla el mismo san Ignacio. Esta era la santidad de mis padres: de mi padre, de mi madre, de mi abuela Rosa, que me ha hecho tanto bien. En el breviario llevo el testamento de mi abuela Rosa, y lo leo a menudo: porque para mí es como una oración. Es una santa que ha sufrido mucho, incluso moralmente, y ha seguido valerosamente siempre hacia delante”