domingo, noviembre 18

La cara amable del calvinismo

Una vez conocí a un calvinista e hice amistad con él. Era un chino que vivía en un país asiático distinto del suyo. Lo conocí por razones profesionales, ya que la entidad para la que él trabajaba era uno de los principales clientes de mi empresa. Iba a menudo a verle. Solíamos tener una reunión de una o dos horas y luego nos íbamos a comer. 

Era uno de los sujetos más simpáticos y divertidos que he conocido en mi vida. Y cortaba mucho bacalao, pero mucho, mucho. Con esto quiero decir que no tenía ninguna obligación de estar amable y cortés con un proveedor. Daba una patada a una piedra y le salían doscientos proveedores al instante. Pero se que generalmente era un buen tipo con todo el mundo, no era agradable conmigo porque yo le cayera especialmente bien. 

Disfrutaba las reuniones con mi cliente chino como con pocos. Y las comidas más, porque como digo tenía un enorme sentido del humor. Y era un tío listísimo.

Con el tiempo y por aquello de que el roce hace el cariño, las conversaciones en las comidas fueron derivando hacia temas más personales. En una ocasión me contó que se había sentido atraído por el cristianismo. Y como era una persona concienzuda se había dedicado a estudiar en detalle las diferentes ramas. Al final de la detallada investigación llegó a la conclusión de que lo suyo era el calvinismo. Y se hizo calvinista. La razón era bien sencilla: él pensaba que la única rama del cristianismo que daba su justa importancia al trabajo y la virtud de la laboriosidad era el calvinismo. Que los católicos éramos demasiado pachorras. Y me sacaba siempre el ejemplo de Filipinas, el único país católico de Asia y, según él, uno de los más atrasados.

Claro, la oportunidad que la Providencia ponía delante de mis narices de convertir a un chino que además había pasado por manos protestantes, me agitó considerablemente (o dicho en castellano: me puso más cachondo que un mandril). San Francisco Javier es santo de especial devoción en mi familia y lo sabemos todo de él y un poco más, que mi padre se ha encargado de eso. Lógicamente se me vino a la cabeza como un rayo. Ahí que me veía yo terminando la obra inacabada del más grande misionero de todos los tiempos.

Le saqué todo lo que sabía (que tampoco era mucho, no nos engañemos) sobre la importancia que el catolicismo asignaba al trabajo y la laboriosidad. Hombre, habiéndome criado donde y como me he criado y siendo mi referencia de catolicismo la que fue y sigue siendo, alguna cosa interesante si que le puede decir.

El caso es que con el tiempo he venido a pensar que me equivoqué miserablemente. Ignoro si el sujeto en cuestión acabó renunciando al protestantismo y cruzó el Tiber, porque perdí el contacto con él después que la vida nos llevara por diferentes caminos. Pero, como digo, creo que la cagué. Lo cual es irrelevante frente al poder de la Gracia, pero yo la cagué.

Y digo eso porque el ángulo era equivocado. Al calvinista en realidad no le interesa el trabajo y laboriosidad, sino la prosperidad y riqueza que vienen tras ellas (no siempre) como signo de especial predilección divina. Y claro, el católico medio suele tener presente aquel pasaje del camello y la aguja (Mt. 19:24) y por tanto muestra un saludable escepticismo hacia el enriquecimiento fruto de la laboriosidad. No parece por dicho pasaje que el rico sea un elegido de Dios, sino más bien al contrario. 

Sospecho además que no pocos de nosotros leemos esa otra narración del joven rico (Mt. 19:16) y calculadores como somos nos preguntamos si realmente merece la pena dejarse los cuernos acumulando riquezas para que luego venga el Buen Dios a sugerirnos que la cedamos con una amplia sonrisa en la cara a toda esa panda de vagos y chupasangres que no han dado un palo al agua en su vida.

Es verdad que el protestantismo en general y el calvinismo en particular han hecho encaje de bolillos con esos dos pasajes, que no pueden ser más claros. Pero no me cabe duda que aquella no era la manera de aproximar la cuestión. Posiblemente hubiera sido mejor explicar que para el católico lo de trabajar está muy bien y Dios lo manda, pero que hacer de la prosperidad material (y en esto no solo incluyo la panoja, sino el prestigio y el poder que se pueden derivar de ella) centro de la vida cristiana no parece una receta segura para la salvación.





viernes, noviembre 9

Hoy: Nuestra Señora de la Almudena, patrona de Madrid


Como casi todos los años aprovecho para recordaros que tal día como hoy hace 23 años cayó el Muro de Berlín. No deja de ser curioso que este suceso tuviera lugar precisamente el mismo día en que la Iglesia en Madrid celebra la festividad de nuestra patrona. En este día del año 1085 y tras numerosas rogativas y procesiones se derrumbó el muro que escondía la imagen de la Virgen. "Coincidencias" de esas, supongo.

viernes, noviembre 2

Conversaciones en la embajada (XLIII): Dura como el acero de Krupp

Hace ya algún tiempo que la #4 (9 años) decidió que lo de ser astronauta lo iba a dejar para más adelante. Actualmente se debate en un sinvivir entre la profesión de policía y la de bombero. Ya conté en su momento su subida a Montejurra andando detrás del animoso guía como si el guía fuera una ancianita achacosa. Es dura como el acero de Krupp.

Según parece hace unos días sufrió alguna contrariedad y derramó un par de furtivas lágrimas. Su hermana mayor sorprendida le preguntó:

- Perooo....¿Estás llorando?

Y ella le respondió sin perder la compostura:

- No lloro...¡es que me sudan los ojos!.

Esta acaba de legionaria.


Pincha aquí para leer más conversaciones en la embajada

Conductores suicidas

Acabo de leer un comentario en el feisbuk donde una conocida simpatizante (no se si afiliada) del PP se escandalizaba porque parece que el gobierno va a darle una subvención de 12.000 euros al conocido actor Willy Toledo y un especial Fin de Año al cantante (¿?) Miguel Bosé en TVE. Ambos conocidos representantes de la ceja y bestias negras de tertulianos peperiles.

Se acusa al partido de "masoquismo" y otro comentarista aporta el conocido recurso al "complejo" que al parecer tienen los representantes del PP.

No se porqué me ha venido inmediatamente a la cabeza el chiste ese del sujeto que va conduciendo por la autopista y escucha por la radio que hay un conductor suicida que marcha en dirección contraria por esa misma vía. El tipo alucinado grita:

 - ¡¿Unooooo?!. ¡¡¡Pero si ya he visto por lo menos cincuenta!!! 

¿No se dan cuenta estos eternos votantes del PP que el conductor suicida son ellos y no el PP?.¿Que el masoquismo y el complejo lo tienen ellos y no el PP?. 

Pero ellos erre que erre: ya han contado por lo menos 200 acciones suicidas del gobierno del PP en lo que va de legislatura (ni un año). Y Mariano que no se aclara. 

¡Mariano, no nos decepciones!.